España muere con crueldadFrancia marcó el gol de la victoria en el 85'. Los de Milla fueron
mejores en el primer tiempo. Canales tuvo el 0-2 en una acción clara. La
grada apretó.FRANCIA 2
ESPAÑA 1

El amargo sinsabor de la derrota es un aprendizaje que cuesta
digerir, pero que debe afrontarse en la vida de un deportista como algo
natural, pues es el riesgo que implica todo afán de victoria. La Sub-19
lo sabe bien desde ayer. Su misión de ganar el Europeo y evangelizar al
continente con un estilo de fútbol fantástico no encontró el premio del
triunfo. Los pragmáticos recordarán ahora que es más convienente apoyar a
esos técnicos que se encierran atrás con cinco defensas o que el culto
al resultado por encima del juego es la filosofía de todo juego.
No es justo. No después de ver cómo ha brillado esta Selección
durante el torneo y cómo lo hizo ayer en el primer tiempo. Pero los
elementos influyen y pueden hacer cambiar escenarios, variar finales,
perder aquello que está ganado. Ocurrió al poco de comenzar el segundo
tiempo, cuando España dominaba claramente a un conjunto francés
entregado. Canales corrió a presionar una mala cesión al portero y el
rechace les situó a él y a Rodrigo delante de una portería defendida por
un defensa a la deriva y sin ninguna esperanza.
Mazazo.El pase del madridista, sin embargo, no fue bueno y otro zaguero lo
despejó al cruce en desesperada cobertura que salió rozando el poste.
Habría sido el 0-2, la puntilla, el puñetazo encima de la mesa, pero
instantes después se convirtió, trágicamente, en el 1-1. Sunu recibió un
pase largo en plena estampida francesa tras salvar los muebles y batió
de vaselina a Álex para cambiar diametralmente el guión de una final que
hasta entonces se había caracterizado por el dominio español.
Increíblemente, España debía soltar lo que era suyo y empezar desde
cero.
Porque, con una personalidad casi autoritaria, las cosas habían
comenzado de la mejor manera para los de Milla. Lejos de cohibirse, la
Selección demostró de entrada el mismo desparpajo que había tenido hasta
ahora, dándole igual el rival que hubiera enfrente o el público que
pudiera estar apretando desde la grada. Enseguida se inició ese ritmo
continuo en el que se transforma la circulación de balón española y el
carrusel fue un ir y venir de apoyos, una sucesión de pases precisos que
para los diez minutos ya habían desencadenado en la primera ocasión.
Canales se encontró un balón suelto, maniobró con soltura, pero su
disparo le salió excesivamente blando y centrado. Fue sólo el primer
aviso antes del gran zarpazo. El hasta ahora finalizador Pacheco vio un
hueco donde no lo había y puso un balón en profundidad para que Rodrigo
batiese a Diallo de tiro cruzado. La evidencia de que el acordeón
español funcionaba con la misma armonía de siempre era patente y Francia
no tuvo más remedio que asimilarlo, superada también por las exigencias
de contentar a su enérgico público.
Parecía que la final estaba de lado español, pero Francia, que
necesitaba un centrifugado urgente, volteó la situación cuando menos se
lo esperaba uno. El ya citado error de Canales y Rodrigo y el posterior
acierto de Sunu hicieron cambiar drásticamente el panorama. La grada se
echó encima de los españoles, la presión se hizo asfixiante, las piernas
comenzaron a pesar. No había fluidez en el hasta entonces pulcro juego
español y sólo el central Bartra pudo marcar en una excelente subida al
ataque tras jugada personal.
Los franceses encontraron en el empuje la filosofía a la que
agarrarse y la luz española fue poco a poco apagándose. Hasta que, muy
al final, casi sin tiempo para la reacción, de una forma tan cruel,
Kakuta se adentró en el área y, tras toparse con Álex, puso el balón
atrás para que lo empujara Lacazette. España perdió. Pero el futuro es
esperanzador. Seguro.
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