LAS VERDADES DEL BARQUERO
José
María del Nido lo tiene clarísimo. El Sevilla Fútbol Club está muy
lejos del objetivo marcado el pasado verano por haber errado en los
fichajes estivales y por contar en su vestuario con futbolistas
aburguesados. Se puede decir más alto, no tan claro. Y es que la verdad
tiene un único camino. El sendero que tan mal cae en el entorno de los
que no admiten que por el hispalense barrio de Nervión se están haciendo
las cosas muy mal de un tiempo a esta parte. Pues cuando todavía está
fresco lo comentado por el máximo mandatario sevillista, llega el
Barcelona al Sánchez Pizjuán. El peor rival que le podía tocar en suerte
a un conjunto obligado a sumar tres puntos para maquillar el año con la
séptima plaza. ¿Qué le vamos a decir del duelo de este domingo? Que lo
normal sería (será) que los pupilos de Pep Guardiola retornen a la
Ciudad Condal con una sonrisa de oreja a oreja. Lo lógico. Claro que
puede darse la sorpresa, todo es posible con noventa minutos por
delante. Sin embargo, sería mejor no engañar a nadie. Para que el cuadro
culé pierda tendría que jugar con los suplentes de los suplentes (como
en la ida de la Supercopa de España) o con la mente en otro lugar (como
en la vuelta copera ante el Real Betis). El Barça, con los cinco
sentidos puestos sobre el césped, no pierde con casi nadie salvo que el
trencilla de turno sea primo de José Mourinho. El único dato optimista
que podemos vender es que un cuadro que acumula tantas victorias (20
consecutivas) lejos de casa algún día tiene que perder. ¿En Sevilla?
Ojalá, para los intereses de un club que como no sea capaz de agarrarse a
la séptima plaza en tres o cuatro semanas puede vivir un final de
campeonato tan caótico como repleto de reproches. Tan del siglo pasado.
De momento, la venta de Luis Fabiano demuestra que se piensa más en el
futuro que en el corto plazo. Es lo que hay.
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