Cristóbal Soria
TRABAJADOR EJEMPLAR

Kurt Rambis era un obrero de lujo en los mejores
Lakers de la historia. Álvarez Cascos y Alfonso Guerra, la cara menos
amable del PP y PSOE en tiempos de José María Aznar y Felipe González.
Hasta Manolo Jiménez tuvo que hacer el trabajo sucio, el más ingrato,
para que Antonio Álvarez paseara la Copa del Rey por las calles de
Sevilla (no tomen al pie de la letra esta última afirmación). Como
nuestro protagonista. Para muchos, un mal necesario. Para otros, un
empleado ejemplar. Que cumple a la perfección la misión que el Sevilla
Fútbol Club le encomendara por primera vez hace casi una década. Cuando
eso de ganar títulos se antojaba una quimera. Un sueño que con toda la
pinta de nunca hacerse realidad. Cómo pasa el tiempo…Muchos lo
ponen a parir, lo critican… Pero todos quisieran tener un Cristóbal
Soria que llevarse a la boca. Desde que su amigo Joaquín Caparrós le
abriera las puertas del Sevilla en 2000, ha ejercido de delegado,
traductor, ‘conseguidor’ y excelente relaciones públicas. ¿Qué en
ocasiones sus modos no son los más correctos? Puede. ¿Qué debería ser
más políticamente correcto? También. Pero su trabajo es así. Tan áspero
como necesario. Tan sencillo como mal visto. Le recuerdo
gestionando entrevista a los medios. Siempre convencía al futbolista de
turno. Le recuerdo entrenándose como uno más, ayudando a los que estaban
obligados a llevarse toda una mañana dándole vueltas al campo principal
de la Cisneros Palacios. Ahora, 10 años después de su debut como
delegado, ya no se machaca tanto en público. ¿La edad? Que conteste
nuestro protagonista. El mismo que verano tras verano acaba con los
rumores que lo sitúan fuera de la casa blanca. Bulos al margen, tocan
festejar dos lustros de trabajo bien hecho. 120 meses estando al
servicio de unos colores. Porque, guste más o menos, todo equipo que se
precie necesita contar con un delegado que sea capaz de sumar desde
fuera… Felicidades. Y que sean muchos más.
José
Antonio Jiménez