UD Almería 2
Sevilla FC 3 CASTA Y ESPÍRITU DE CHAMPIONSEl Sevilla hace historia clasificándose por segunda vez
consecutiva a la Liga de Campeones, tras un partido de infarto que se
resolvió en el descuento con un golazo de Rodri
El fútbol es
voluble y cuando se vuelve loco se convierte en una acelerada montaña
rusa de emociones que si tiene final feliz te deja un sabor de boca
maravilloso. Eso es lo que le ocurrió esta noche al Sevilla, que tras
ponerse dos veces por delante en el marcador, veía como se le escapaba
la clasificación a la Champions en los minutos finales... Y en el
momento en que fenecían las ilusiones, en pleno descuento, Kanouté
inyectó sentido común en la linea de tres cuartos cuando todo era
enajenación, habilitó a Navas por la derecha, el palaciego la metió,
Squillaci la rozó en semifallo y Rodri se inventó un remate soñado,
cazando el cuero en el aire y hundiéndolo en las redes de Esteban. Gol y
pase histórico y extremadamente sabroso, por lo sufrido, a Liga de
Campeones.

Que el
Almería no iba a regalar el encuentro, por mucho que no se jugara nada,
se intuyó nada más arrancar el choque. Lo de hermanamiento fue sólo
tinta malgastada. Los locales salieron con un punto de velocidad extra y
literalmente arrinconaron al equipo nervionense en los primeros
compases. En el minuto 3 Piatti advertía de lo que estaba por llegar.
Corona poco después la puso en larguero de falta. El Sevilla sufría, lo
pasaba mal, hasta el punto que parecía que eran los de Juanma Lillo los
que se estaban jugando los cuartos. Pero en el minuto 15 apareció
Kanouté, que hasta ese momento era el único que oxigenaba un poco con la
salida del balón. Navas levantó la cabeza y puso un balón de oro que el
malí remató con un giro de testa excepcional, colocando el cuero en la
cepa del poste derecho de Esteban.

El tanto
sevillista, sin embargo, fue un espejismo, porque el Almería no desanimó
y continuó pegando fuerte, sobre todo por la izquierda, donde Crusat
volvía a loco a Stankevicius, aprovechándose de las superioridades que
generaba Soriano, al volcarse a esa banda. Salvo Kanouté y Navas el
equipo arriba no alzaba la voz y tanta contención se acabó pagando al
filo del descuento, cuando un pase de Corona lo enganchó Soriano en la
frontal para hacer las tablas. En la reanudación el Sevilla
intentó cambiar la cara a la situación, comenzó mejor y plasmó las
buenas sensaciones en el marcador, con una jugada iniciada por Kanouté,
continuada magníficamente por Capel, que se la puso a Navas y que el
palaciego metió al meollo, donde Esteban y Chico se hicieron un lio que
acabó en el 1-2. Ahora sí, el Sevilla parecía más cómodo. Controlaba la
situación ciertamente el equipo, hasta que Negredo alzó la voz más de la
cuenta, mucho más de la cuenta, y se fue a la calle por roja directa.
Áhí comenzó la cruda penitencia.

El error del madrileño marcó el
encuentro, porque el Almería se echó arriba con la superioridad y minuto
a minuto rondaba el empate. El Sevilla se defendía como podía, pero la
igualada era cuestión de tiempo, porque los hispalenses apenas resistían
el ímpetu local. Juanma Ortiz con un disparo lejano y fulminante, a
diez del final, ponía las tablas. Parecía que ahí acababa la historia.
Eso parecía. Y en cierto modo el equipo se lo había buscado.Sin
embargo, fue entonces, viendo el Sevilla que se desangraba sin remedio y
nadie iba a ir a su auxilio, cuando el equipo sacó chapa de grande, el
pundonor que se le presume a los que están curtidos en mil batallas.
Antonio Álvarez sacó a Rodri por Stankevicius, era jugarse el todo por
el todo. El Sevilla se volcaba sin miedo, dejando la defensa
desguarnecida, en la que resistía Zokora como un auténtico jabato.
Perotti bajaba a iniciar jugadas con Renato, el encuentro era una
auténtica locura y todas las esperanzas se canalizaban por las
arrancadas de Navas, que fue el verdadero motor del equipo a lo largo de
todo el encuentro. Un centro raso del extremo pasó por las narices de
todos sin que Kanouté pudiera llegar... Se le iba la vida al Sevilla de
forma cruel, por su excesiva contemplación cuando iba por delante en el
marcador. Y fue entonces, en el momento en el que todo se veía color
negro, cuando Rodri cazó con un escorzo sensacional un balón en el aire
para hacer un golazo que desató la pasión del sevillismo. El gol que
todo el mundo quería cantar, el gol, en definitiva, de la casta y el
coraje. El gol que abrió la puertas de las ilusiones y que consolida un
poco más el proyecto del Sevilla FC con una segunda clasificación
consecutiva a Liga de Campeones, tercera en tan solo cuatro años.
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