Romaric, ahora o nuncaSi hay un hombre discutido en el seno sevillista ese es Ndri Romaric.
El africano llegó la temporada pasada tras un desembolso económico que
rondó los ocho millones de euros, y con la vitola de ser el futbolista
que debía tomar los galones en mediocampo tras las salidas de Poulsen y
Keita. Sin embargo, pese a poner toda su voluntad, tuvo más días
aciagos que vistosos, lo que le hizo ganarse un puesto de privilegio
entre los jugadores más señalados por el respetable de Nervión.
Con el inicio de este nuevo curso, tanto la afición como Jiménez,
decidieron darle otra oportunidad. Así, saltó de inicio en el estreno
liguero de los suyos, algo que hacía presagiar un buen año para él,
pero que poco tardó en tornarse en pesadilla; tanto como el ‘elefante’
en caer lesionado. Esta más que inoportuna lesión trajo consigo el
renacer de viejos problemas del africano, centrados sobretodo en su
dificultad para mantener un mínimo de forma física cuando está algún
tiempo sin jugar.
Así las cosas, Romaric acabó recuperándose y ya hace semanas que está a
disposición del técnico; sin embargo, una vez más ha quedado demostrado
que su condición atlética dista bastante de la deseada, apuntándose por
enésima vez a su peso. Ante este panorama, el preparador de Arahal no
ha desistido en su empeño de meterle en la dinámica de rotaciones del
grupo, dándole minutos en partidos como el de Copa del Rey contra el
Atlético Ciudad, en el que una vez más quedó patente que anda con
algunas marchas menos que los demás.
Posible reválidaMuchos aseguran que tras lo
demostrado hasta la fecha, los días de Romaric en Sevilla están
contados, pero para Jiménez no es así. Tan diferente es para el
técnico, que éste lleva toda la semana ensayando con el de Costa de
Marfil de cara al partido con el Valladolid. El martes lo alineó junto
a Duscher, ayer con Renato, y hoy, de nuevo junto al brasileño. Visto
lo visto, es muy probable que el costamarfileño tenga el sábado una
nueva oportunidad de demostrar que el club no se equivocó con su
contratación; eso sí, en caso de producirse un nuevo fiasco, podría
quedar fuera de los planes nervionenses para siempre. Ahora o nunca
Romaric debe decir: “Aquí estoy yo”.
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