Jesús Navas sale del cascarón
España dio ayer la bienvenida a Jesús Navas, que sale
del caparazón y ya presume de ser internacional absoluto una vez ha
aparcado la ansiedad, única responsable del tardío debut del genial
futbolista del Sevilla. Es tan tímido fuera del campo como osado
vestido de corto y ahora que ha decidido ser uno de los grandes sólo
falta por ver si está preparado para mantener el tipo en una
concentración larga como será la del Mundial. De su fútbol nadie tiene
dudas.
Jesús Navas cumple 24 años la próxima semana, pero sigue
siendo un niño y como tal lo tratan en su entorno. En Los Palacios,
localidad que está a unos 40 minutos de Sevilla y donde todavía vive
con su familia, consume horas jugando en el parque con sus amigos de
siempre, costumbre muy alejada de las excentricidades de los
futbolistas del presente. En su vida no hay glamour y apenas se permite
lujos. Le hace más feliz comer pipas con sus íntimos en la plaza, los
únicos que disfrutan de un gracejo sureño desconocido por el resto.
Llegó al Sevilla siendo un renacuajo, pero los ojeadores
se quedaron prendados por la velocidad de ese crío que apenas medía un
palmo más que el balón. El pequeño Jesús se comió la banda en las
categorías inferiores y el 23 de noviembre de 2003 le llamó al orden
Caparrós para que se estrenara con el primer equipo jugando contra el
Español. Fue un salto de gigante que tuvo atemorizado al chaval, al que
escudó entonces José Antonio Reyes. Luego fueron Sergio Ramos y el
difunto Antonio Puerta los que se encargaron de proteger al niño
-Puerta y Navas compartían representante, Jesús Rodríguez de Moya,
personaje imprescindible para el crecimiento de Jesús-.
En 2005 se acentuaron sus fobias al abandonar una
concentración con la sub 21 y un mes después dejó Cartaya, en donde
estaba trabajando el Sevilla de Juande Ramos. En una sesión vespertina,
y después de ausentarse por la mañana, saltó al ruedo con cara de pocos
amigos. A los 40 minutos, sin mediar palabra, se escapó corriendo del
campo y se camufló en el autocar. Los psicólogos del club decidieron
que regresara a casa y prosiguió con la pretemporada en Sevilla. Era
tan bueno que que no le hacía falta demasiado trabajo con esa
envidiable condición física. Además, cuando había partido le acompañaba
en coche su padre y acostumbraba a ser el mejor. La ansiedad le privó
de otras concentraciones.
Ve un micrófono y se pone a temblar, del mismo modo que
no lee periódicos. La primera vez que fue a un programa de televisión
tuvieron que dar paso a publicidad porque se asfixiaba. No estaba
preparado para los medios, como tampoco lo estaba para la selección
hasta que ayer derrotó a la ansiedad.
http://www.abc.es/